
Qué bien sienta escapar de los madriles un fin de semana, aunque sea el fin de semana más frío del invierno, aunque haya paseado por Santiago con lluvia y viento de día y con nieve de noche, salir de la rutina, visitar un sitio precioso, aunque seas bastante atea (o del todo) como yo, impresiona la Catedral, de los lugares mágicos que te dejan muda, que te parece que tú sola no puedes mirar, abarcar toda la majestuosidad, impresionan sus callejuelas en espiral, el espíritu universitario que me ha recordado que tengo exámenes la semana que viene y no he abierto los libros, las tascas de piedra con chimenea, el vino, mmm, tanto Alvariño y Ribeiro en dos días, la comida, ñam, ñam, disfrutando de la buena compañía, las risas, las confidencias en un marco incomparable.
Tendré que ir planeando mi próxima escapada.