Hay cosas que cuesta muchísmo hacer, cómo la tontería de borrar un número de tu agenda de móvil, quizá sea una gilipollez, seguro que lo es, pero cuesta, cuesta muchísimo, asumir que no quieres más nunca llamar a su teléfono o enviar un puto sms, dejar ese número ahí por si acaso ... bueno, hoy, liberándome, de las mismas cadenas que yo solita me he puesto lo he hecho, y sí, ya lo sé, menuda tontería, pero ... me siento bien, y ni siquiera me importa demasiado, o quizá sí, pero me siento bien.
He salido a la calle esta mañana y después de un par de semanas grises y lluviosas, hoy brillaba el sol, que calienta, que da color y yo soy así, soleada, abrigada, no en tonos grises, y he decidido no volver a ser ópaca y gris, porque no lo soy, y merezco más que las mijagas de cariño que me tiraban, y la atención inconstante que me prestaban, y me va a costar derribar todos los castillos ilusorios, pero siempre he querido ser arquitecta para derribar muros, y los primeros que hay que echar abajo son los que yo solita he construído.
Y sé que la melancolía de lo que pudo ser me volverá a atacar de nuevo, que cómo dice Sabina no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió, pero también sé que puedo mirar hacia adelante, y que aunque ahora siga nublado, siempre hay días de sol.